martes, enero 02, 2007

"El Jazz es el sonido del lamento del alma"


Hoy me apetece hablar de música. ¿Existe un psicólogo más comprensivo, un placebo más placentero? Siempre es igual de certera e igual de ingeniosa, y además siempre da en el blanco. No como nosotros, que acertamos una vez y erramos estrepitosamente las nueve restantes. Desde luego, cuando alguien consigue comprender perfectamente lo que sientes, entender 100% lo que te es incapaz expresar debidamente, eso es un puto milagro. Me queda el consuelo, bastante dulce por cierto, de que me resarciré de lo que me has dicho o de lo que me has hecho cuando, en la soledad de mi reflexión, suenen esos acordes que me liberen por un momento de la pesada carga de mi espíritu ennegrecido.

¿Muy pesimista? Bueno, es lo que hay. No te quepa duda de que, cuanto más mires a tu alrededor y más conozcas y analices las cosas, más razones tendrás para dejar de creer en esa quimera llamada optimismo. Los optimistas sólo pueden ser dos tipos de personas: o las que esconden la cabeza debajo de la almohada y reniegan de la realidad, o las suficientemente fuertes como para sobreponerse a ella. Podéis elegir esconderos en la música pachanguera y en el romanticismo pop barato para no saber nada de nada, alienados y viviendo en la peli; o podéis, por contra, tener los cojones de mirar de frente al plantel y atreveros a renunciar a cosas, a decir no de vez en cuando y a vivir una vida de principios y de respeto contigo mismo y con los demás. ¿Suena algo estresante, verdad? Bueno, no dije que fuera a ser fácil. El Rock, el Jazz y el Hip Hop hay que sentarse a escucharlos, ellos no suelen hablar por sí solos.

Así que, bueno, tú ahora sólo elige entre la pastilla roja y la pastilla azul.

domingo, diciembre 31, 2006

"¿Hasta el 2026? Bueno, cómprame tabaco y búscame asiento"



Se acaba el año y supongo que toca hacer balance. No sé si insuflado por mi habitual y molesta visión pesimista, la cuestión es que echando un vistazo rápido a los últimos 12 meses (creo que para este tipo de cosas lo que cuentan son las sensaciones, el sabor que se nos queda en la boca, y no un análisis demasiado largo ni profundo) no puedo evitar sentirme asaltado por una cruda sensación de cansancio. Como de una tormenta que ya ha pasado. Supongo que es cierto que ha sido un año duro pero, ¿cuál no lo es? Pensándolo bien, juraría que llego con la misma sensación todos los fines de año. Perdonarán me permita la licencia de parafrasear al genio Allen: "Pues básicamente así es como me parece la vida: llena de soledad, miseria, sufrimiento, tristeza; y, sin embargo, se acaba demasiado deprisa". No se me ocurre definición más exacta que describa el sentimiento de congoja que se me agarra a las entrañas el día 31, cuando veo a Ramón García en la Puerta del Sol explicando un año más lo de los puñeteros cuartos.

Pero qué narices, no voy a quejarme. Mi carrera como comunicador está encauzada, he conocido a gente fantástica en la facultad y sigo unido en santo matrimonio con la gente fantástica que ya conocía de antes, relación que, por cierto, goza de salud de hierro. Vale, es cierto que mi vida sigue siendo un caos, pero empiezo a sospechar que amo tanto ese desorden que no podría vivir en la vida de otro. Ni siquiera en la más pintada. Sólo hay una cosa nueva este año: por encima de propósitos y peticiones vagas, por primera vez tengo un deseo. Que no es poco.

lunes, diciembre 18, 2006

"Un pesimista suele ser un realista con mala prensa"



Si alguien fuera capaz de meterse en mi mente durante un momento, probablemente ocurrirían dos cosas: primero, que no entendería nada; y segundo, se sentiría estresado. En cualquier caso, hoy me he propuesto burlar mi entropía y escupir algunas cosas aquí, en parte por placer, en parte por necesidad.

No creo en el optimismo. ¿Hay motivos para él? Los sentimientos positivos son infinitamente más efimeros y frágiles que los negativos, que siempre golpean con mucha más brutalidad y se prolongan cruelmente. Hoy, por cierto, estuvieron a punto de atropellarme. ¿Hablé con Dios? no. ¿Vi mi vida pasar por delante? para nada. Tonterías. Sin embargo, no te sientes afortunado por seguir viviendo, sino que se te clava una sensación de miedo que te dura varios días y te provoca tomar precauciones extras. Este no es mi caso. A mí me dio por pensar: qué cerca. Tanto sufrimiento y tan cerca de hacerlo desaparecer. La oferta que te hace la vida, bien mirada, se antoja mucho más insatisfactoria que la de la muerte. Elija: una estafa de 66,7 años de media de duración o bien desenchufarse de todo. ¿Que la muerte es una parte de la vida? Yo le daría la vuelta: la vida es una parte de la muerte.

Aun así, trataré de vivir al menos 67 años.

miércoles, diciembre 06, 2006

"La presión es el orgasmo del ganador; el perdedor simplemente masca sus aspiraciones masturbándose cuando nadie mira"



Por fin ayer volvió el fútbol. Es cierto que llevamos más de tres meses de competición pero, por favor, llamemos fútbol a lo que verdaderamente lo es. No, no voy a zurrar a Capello. Lo que quiero decir es que una competición de 38 partidos como es la Liga no puede mantener la atención del aficionado todo el tiempo, es normal que el entusiasmo se diluya. A falta de una Copa del Rey debidamente diseñada, otrora trofeo prestigioso, la útima opción que nos queda es la Champions. Y no me entiendan mal, no voy a ensalzarla por eliminación, esto es, por ser la menos mala; ni mucho menos. Es que es una competición que, además de por estar concentrada en poco más de 10 partidos, destila un aroma inmejorable, rezumando por los cuatro costados el olor a alta competición. Las mejores espadas de Europa cruzando sus aceros en una contienda fraticida por el cetro de dominación continental, actualmente en posesión del equipo de la Ciudad Condal. A lo mejor no me gusta demasiado el fútbol, pero para mí esto es lo que es. O al menos es cuando disfruto.

Ayer vi un Barça magnífico. Baste decir que resolvió el partido en 20 minutos con una solvencia insultante, y ahi se acabó la historia. No fueron dos chispazos, que también, fue una sensación de dominio, de un foráneo en casa de un anfitrión un par de escalones por encima. ¿Que por qué el Werder les pintó la cara en Bremen hace dos meses, con un empate agónico e inmerecido en el minuto 90 y tantos? Creo que, como dijo aquel, el fútbol son estados de ánimo. Una temporada increíble, la pasada, y una gira disparadata, la americana de este verano, propiciaron un comienzo de campaña falto de ambición y de tono físico, respectivamente. Es fantástico para el Barcelona y para el barcelonismo saber que, cuando llegan las grandes citas, cuando un partido es realmente importante, el equipo se enchufa y muestra una cara mucho más seria. Dan la talla. Sí que es verdad que en la segunda parte se sufrió y que el equipo se relajó pero, bien mirado, es otra muestra más de la superioridad del vigente campeón, que ganó casi andando.

Quien va por ahí cargando las tintas diciendo que este equipo no es el del año pasado tiene toda la razón: es más maduro, más veterano y con más oficio. Sabe contemporizar y jugar con inteligencia, virtudes quiméricas hace dos temporadas o incluso una. Ayer desmostraron que cuando están motivados y concentrados son sobrios en defensa y arrolladores en ataque. Y, pese a todo, para desgracia de muchos este equipo aún no ha dado su mejor nivel. Ni mucho menos, ha sido una fase de grupos mediocre. En octavos será diferente.

Por cierto, lo de Ronaldinho me pareció espectacular. No diga bueno, diga genio. Así como el superdotado se diferencia del inteligente, Ronni da algo más que no puede dar ningún jugador de talla mundial. Tiene ese ingenio creativo, esa chispa imprevisible, esa huella inconfundible de estrella, que hace que su figura emerga cuando todos miran. Cuando no está en forma es como un mago sin varita, pero cuando lo está nadie se le equipara lo más mínimo. Marcará época.

miércoles, noviembre 15, 2006

"Regla matemática número 31: allí donde va una mujer bonita siempre hay un imbécil cerca"


Después de una de mis sesiones de reflexión injustificada he llegado a la siguiente conclusión: las mujeres son alérgicas a la puntualidad. Hombres del planeta Tierra, no pierdan el tiempo martirizándose y haciéndose ilusiones, ella nunca llegará a la hora. Las mujeres poseen una desmesurada capacidad, casi inagotable, de tener siempre a mano una ingeniosa excusa que las exculpe inapelablemente de sus continuos retrasos, ya sea todo verdad o sea eso mismo, una excusa. Tan compleja es esta práctica que, estarán conmigo todos los varones españoles frustrados, bien merece un estudio pormenorizado y concienzudo que esclarezca las claves de dicha conducta toca-narices.


Hay dos tipos de excusas en la vida: las razonables y las de las mujeres. Las primeras son de una índole netamente cotidiana y bien conocida por todos nosotros. A saber: perdí el autobús de y media, me he encontrado con un colega de la facultad, me quedé dormido, había mucho tráfico....Vale, vale, vale!!! Todas estas cosillas le pueden pasar a cualquiera pero, ¿y las de ellas? Caso práctico al canto:

Has quedado con tu novia a las 7:15 para dar una vuelta y despejaros de estudiar y tal. El punto de encuentro es más o menos equidistante a tu casa y a la suya, por lo que no existen razones, a priori, para que pase eso que tanto temes. Pero tú, persona sabia y bien escaldaíta después de repetidos retrasos, le convienes por teléfono: “nena, sé tan puntual como te sea posible”. Porque si le dices “y a ver si hoy llegas de una puta vez a la hora coño, que no es tan difícil”, como el cuerpo nos pide a todos decir y como está mandao, pues te dirá que hay que ver lo borde y antipático que eres y cuando os veáis te castigará A TODO. En fin, que te presentas en el sitio S a la hora H con tu mejor sonrisa a las 7:18, que es un retraso razonable. Y tal y como te temías, sí, aún no ha llegado. Te esperas hasta y media tratando de llenar tu cabeza con los mejores pensamientos posibles, ahí como un novio ejemplar, moderno y cosmopolita, amordazando a esa cualificada voz que te repite una y otra vez algo así como que él ya se lo esperaba y que estaba clarísimo. Le das un toque, desesperado, pero es inútil. Una terrible certeza te asalta poco a poco, te va calando; ya casi no puedes pararlo. Pronto esta lucha entre el bien y el mal se desequilibra y entras en un estado emocional que solo puede definirse con una palabra: ENCABRONARSE. Llegados a este punto hay varios desenlaces posibles en función de la crueldad de la fémina en cuestión. Está primero la versión Light, que llega media hora tarde y se justifica diciendo que se ha encontrado por el camino con su amiga Helena del instituto (¿te ha preguntado por el evolución sociopolítica y económica de la sociedad esquimal entre los siglos XVIII y XIX?). Después está la que se retrasa tres cuartos de hora o una hora y cuando llega te suelta con total naturalidad que su madre le ha mandado recoger la cocina, limpiar el salón, sacar la basura, pasear al perro, darle un “limpiaito al coche de papá”, ordenar el cuarto y hacer la compra del mes. Dicho esto, y después de haber contado hasta diez, se te ocurre recordarle la eminentemente comunicativa función que desempeña ese aparato llamado teléfono en nuestra vida diaria, pero pronto caes en la cuenta de que sería absolutamente inútil hacer tal cosa. Amigo mío, no te quejes todavía que podría ser peor. Cuando llegan una hora y media tarde (sí, escalofriante pero verídico) y tú, por supuesto, ya estás de vuelta en tu casa mascando el mosqueo, se le ocurrirá espetarte la mayor de las excusas conocidas, pabellón supremo de la ideología femenina en pareja: es que no sabía qué ponerme. Y acto seguido pondrá la guinda diciendo: “me he entretenido un poco, jiji “ (risita conciliadora)


Todo esto lo escribo aun a sabiendas de la reacción del bando de las hembras: qué exagerado eres, todos son tópicos, los impuntuales sois vosotros….y un largo etcétera de paridas y excusas sin fundamento, producto de una mente corroída y alienada por polladas como las tanga girls, amigas para siempre o yo lo que busco en un hombre es sinceridad. Hombres del mundo mundial, alcemos la voz contra la cruel práctica de la impuntualidad injustificada (y sus crueldades en general) que tantas tardes nos amarga y que no nos deja disfrutar de las cosas verdaderamente importantes y gratificantes como son el chocolate blanco, la pizza taco del Slopy o esas tardes de lluvia tan íntimas donde disfrutar al lado del mando de la videoconsola o el sinuoso teclado del ordenador. Sí, hombres del mundo, reivindiquemos el materialismo de andar por casa en lugar de la dependencia femenina. Así es mucho más facil ser feliz, no me cabe ninguna duda. ¿Saben por qué? Pues porque, aunque las adoro y no podría vivir sin ellas, a fin de cuentas las personas son imprevisiblemente puñeteras; y esa canción que tan bien suena……..pues siempre suena igual.

jueves, noviembre 02, 2006

"En los momentos realmente cruciales y difíciles de una vida siempre estamos solos; esa es la gran tragedia del hombre en sociedad"



Pueden negarme lo que quieran. Pueden negar que alguna vez se han emborrachado, pueden negar haber tenido intenciones sucias con mujeres ya comprometidas o pueden negar que les gusta tal programa de televisión, tal libro o tal cantante. Lo que nunca me podrán negar, y creo que nadie osará hacerlo, es que constantemente tratan de buscar lo que yo considero el mayor de los paradigmas del ser humano: la felicidad. La propia claro, altruismos aparte. Partiendo de esta base común, el único debate lo localizamos a la hora de ponerle nombre y apellidos al frasquito que contendría este codiciado elixir. ¿Mujeres? ¿dinero? ¿éxito personal? ¿salud, incluso? Descartando esta última opción por pertenecer sencillamente al grupo de las necesidades fisiológicas (y la felicidad no es una de ellas), el resto de ideas se antojan todas perfectamente válidas. Llegamos por tanto a un punto sin retorno, donde ya no me atrevo a postular nada con rotundidad y donde sólo me queda exponer mi opinión. Creo que esto es lo que se debe hacer cuando se habla de "intangibles", cuestiones metafísicas o simplemente cuando no se tiene ni puñetera idea de lo que se está hablando.

Algunas personas dirán que lo único que necesitan para ser felices es una abultada cuenta corriente, o un buen coche en la puerta de una ostentosa casa, con una bonita mujer y unos preciosos niños dentro. Otros tirarán del tópico anti materialista: amigos de verdad o una familia donde apoyarse en momentos difíciles. Sea como fuere, llegados aquí los discursos pueden multiplicarse tanto como personitas somos en el mundo, en función de las experiencias y de la personalidad derivada de ellas. Lanzo aquí una conclusión importante: existen tantos modos de felicidad como habitantes del planeta Tierra. La felicidad no es lo mismo para ti que para mí, y probablemente ninguna de nuestras opiniones coincidan con la de un indio cherokee o un empresario japonés.

Yo creo que la felicidad es una variable directamente proporcional al grado de abstracción y evasión con la verdadera realidad. Se me viene a la cabeza una frase célebre de Miguel de Unamuno que no recuerdo exactamente, pero que venía a decir algo así como que cuanto más se sabe más se sufre. Nada más cierto. Opino que la felicidad consiste en olvidar dónde estás y todo lo que eres, todas las cadenas de nuestra limitada existencia, meter la cabeza debajo de la almohada, distraído con cualquier cosa que nos mantenga lo suficientemente ocupados. Lo tengo comprobadísimo: no hay nada más terrible que no saber que hacer con tu tiempo. Por contra, cuando tengo mil frentes abiertos y no sé con qué empezar no tengo ni lugar para amargarme; no me da tiempo para mirarme al espejo y recordar lo feo que es todo esto. A partir de aquí, felicidades varias: cine, arte, música, tele, radio, internet, drogas, alcohol, deporte....Las combinaciones son infinitas. O simplemente una buena conversación con una persona interesante.

Por eso digo que la ignorancia, aparte de atrevida, es terriblemente feliz.
Un saludo.


sábado, octubre 21, 2006

"Un niño empieza a ser hombre cuando, una mañana cualquiera, despierta por primera vez al lado de la mujer que ama"



Vivimos en una sociedad sexualizada. Si lo piensan detenidamente, casi toda nuestra rutina y las cosas que hacemos o pensamos diariamente están enfocadas al sexo. Le pese a quien le pese, sí, el sexo es uno de los grandes motores del mundo occidental. Este instinto animal inherente al hombre condiciona una cantidad enorme de nuestras acciones, actitudes y hábitos; la cuestión es que no nos damos cuenta porque lo tenemos absolutamente asimilado y ya no es más que un automatismo más de los miles que rigen nuestra convivencia social.

¿Se ha preguntado alguna vez si en el cuarto de baño hace cosas que no son realmente necesarias? ¿Por qué se peina o se rocía generosamente con colonias y ungüentos varios? Desconozco estadísticas, pero en general estoy seguro de que tardamos de media un par de minutos en decidir con qué vestirnos cada mañana. ¿Cree que le importa su aspecto? ¿Por qué se preocupa de conjuntar el cinturón con los zapatos? Connotaciones machistas aparte, si nos centramos en el sexo femenino la cosa es aún peor: depilaciones, cremas, complementos a gogó, maquillaje....Desde un punto de vista netamente fisiológico, todo este escaparate de métodos de belleza son 100% innecesarios. Ya sé que van a decirme ahora: es que la estética es muy importante en el mundo de hoy, es incluso un requisito. En eso puedo estar de acuerdo hasta cierto punto pero, ¿y qué pasa con los adolescentes? ¿Y la gente que no tiene ninguna necesidad (la mayoría creo) de verse bien día sí y día también, y se empeña en ello hasta para comprar el pan? Desde luego, quien diga que no le importa su aspecto es , o muy incosciente, o muy fariseo.

Creo no equivocarme al discernir una doble causalidad a este hecho. Por un lado, el ser humano no puede negar de ningún modo la razón primitiva de su existencia: la procreación y, por consiguiente, el sexo. Esto es algo de lo que apenas nos damos cuenta pero que en buena lógica debe imperar en nuestro comportamiento. Eso sí, en la mayoría de los casos de un modo inconsciente e intuitivo. Un ejemplo: adolescente de 16 años, con un sistema de hormonas hace tiempo declarado en anarquía, avista portentoso ejemplar femenino de mareantes curvas que corta el viento con su pelo al andar y que cimbrea las caderas al son de sus pasos. Los pensamientos y deseos que en ese momento se liberan en la mente de nuestro homo-sapiens (obviaré por evidente decir cuáles son) emanan directamente de su instinto de procreación de un modo digamos poco racional o poco intencionado. Porque, por cierto, aunque mucha gente se empeñe en negarlo, el ser humano es un animal más, aún gozando de una capacidad de raciocinio y de una inteligencia más avanzada (eso sí, según qué casos). Por tanto, la primera de la razones por las que nuestra vida es eminentemente sexual es porque nuestro sino es multiplicar la especie mediante el sexo.

La segunda de las razones es una razón más social y más psicológica, centrada en la necesidad de triunfar. Me explico. ¿Se han dado cuenta alguna vez de que 10 minutillos de televisión bastan para darse cuenta muy claramente de cuál es el canon de belleza más presente en nuestra cultura? Es realmente asqueroso: hombres musculosos y metrosexuales hasta decir basta, mujeres delgadas y súper-divinas en anuncios de cosméticos e informativos...No es de extrañar que después de una ración de, digamos, 2 horas diarias de televisión (tirando muy por lo bajo teniendo en cuenta las estadísticas) durante un año (lo que suma una cantidad de 730 horas al año) cualquier tío tenga más que claro a que debe parecerse y cuáles deben ser sus metas en la vida: echar 4 horas diarias en el gimnasio y tirarse a cuantas tías pueda. Así de patético, pero es la verdad. Por tanto, este espécimen de persona, terriblemente común en ambos sexos, no busca tener buen aspecto y ligar con motivo de procrear, ni mucho menos. Yo lo llamo el coleccionista inseguro: busca personas del sexo opuesto de usar y tirar para poder ostentar la medallita una vez ejecutado el contacto y así sentirse mejor consigo mismo (gran carencia de nuestra sociedad: amor propio), además de así reportarse una buena imagen social que a su vez le garantice más trofeitos (tristemente el puto o puta está muy cotizado y muy bien visto). Esta es la razón por la que toneladas de jóvenes se aglomeran en discotecas y demás sitios de ambiente todos los fines de semana para comerse lo que sea (gracias Nach).

Conclusiones: el mundo está sexualizado, el amor y el respeto importan una mierda y la estética es algo realmente importante si quieres abrirte paso en este mundillo de débiles y pueriles. La verdad es que viendo todo esto entiendo que se digan cosas como "todos los hombres son iguales", "a las niñas de ahora les crecen antes las tetas que los dientes" o " el sexo es la base de una pareja". Yo, particularmente, he aprendido algo con la corta experienia que atesoro: hay mujeres que es mejor conocerlas sólo de espaldas.