sábado, octubre 21, 2006

"Un niño empieza a ser hombre cuando, una mañana cualquiera, despierta por primera vez al lado de la mujer que ama"



Vivimos en una sociedad sexualizada. Si lo piensan detenidamente, casi toda nuestra rutina y las cosas que hacemos o pensamos diariamente están enfocadas al sexo. Le pese a quien le pese, sí, el sexo es uno de los grandes motores del mundo occidental. Este instinto animal inherente al hombre condiciona una cantidad enorme de nuestras acciones, actitudes y hábitos; la cuestión es que no nos damos cuenta porque lo tenemos absolutamente asimilado y ya no es más que un automatismo más de los miles que rigen nuestra convivencia social.

¿Se ha preguntado alguna vez si en el cuarto de baño hace cosas que no son realmente necesarias? ¿Por qué se peina o se rocía generosamente con colonias y ungüentos varios? Desconozco estadísticas, pero en general estoy seguro de que tardamos de media un par de minutos en decidir con qué vestirnos cada mañana. ¿Cree que le importa su aspecto? ¿Por qué se preocupa de conjuntar el cinturón con los zapatos? Connotaciones machistas aparte, si nos centramos en el sexo femenino la cosa es aún peor: depilaciones, cremas, complementos a gogó, maquillaje....Desde un punto de vista netamente fisiológico, todo este escaparate de métodos de belleza son 100% innecesarios. Ya sé que van a decirme ahora: es que la estética es muy importante en el mundo de hoy, es incluso un requisito. En eso puedo estar de acuerdo hasta cierto punto pero, ¿y qué pasa con los adolescentes? ¿Y la gente que no tiene ninguna necesidad (la mayoría creo) de verse bien día sí y día también, y se empeña en ello hasta para comprar el pan? Desde luego, quien diga que no le importa su aspecto es , o muy incosciente, o muy fariseo.

Creo no equivocarme al discernir una doble causalidad a este hecho. Por un lado, el ser humano no puede negar de ningún modo la razón primitiva de su existencia: la procreación y, por consiguiente, el sexo. Esto es algo de lo que apenas nos damos cuenta pero que en buena lógica debe imperar en nuestro comportamiento. Eso sí, en la mayoría de los casos de un modo inconsciente e intuitivo. Un ejemplo: adolescente de 16 años, con un sistema de hormonas hace tiempo declarado en anarquía, avista portentoso ejemplar femenino de mareantes curvas que corta el viento con su pelo al andar y que cimbrea las caderas al son de sus pasos. Los pensamientos y deseos que en ese momento se liberan en la mente de nuestro homo-sapiens (obviaré por evidente decir cuáles son) emanan directamente de su instinto de procreación de un modo digamos poco racional o poco intencionado. Porque, por cierto, aunque mucha gente se empeñe en negarlo, el ser humano es un animal más, aún gozando de una capacidad de raciocinio y de una inteligencia más avanzada (eso sí, según qué casos). Por tanto, la primera de la razones por las que nuestra vida es eminentemente sexual es porque nuestro sino es multiplicar la especie mediante el sexo.

La segunda de las razones es una razón más social y más psicológica, centrada en la necesidad de triunfar. Me explico. ¿Se han dado cuenta alguna vez de que 10 minutillos de televisión bastan para darse cuenta muy claramente de cuál es el canon de belleza más presente en nuestra cultura? Es realmente asqueroso: hombres musculosos y metrosexuales hasta decir basta, mujeres delgadas y súper-divinas en anuncios de cosméticos e informativos...No es de extrañar que después de una ración de, digamos, 2 horas diarias de televisión (tirando muy por lo bajo teniendo en cuenta las estadísticas) durante un año (lo que suma una cantidad de 730 horas al año) cualquier tío tenga más que claro a que debe parecerse y cuáles deben ser sus metas en la vida: echar 4 horas diarias en el gimnasio y tirarse a cuantas tías pueda. Así de patético, pero es la verdad. Por tanto, este espécimen de persona, terriblemente común en ambos sexos, no busca tener buen aspecto y ligar con motivo de procrear, ni mucho menos. Yo lo llamo el coleccionista inseguro: busca personas del sexo opuesto de usar y tirar para poder ostentar la medallita una vez ejecutado el contacto y así sentirse mejor consigo mismo (gran carencia de nuestra sociedad: amor propio), además de así reportarse una buena imagen social que a su vez le garantice más trofeitos (tristemente el puto o puta está muy cotizado y muy bien visto). Esta es la razón por la que toneladas de jóvenes se aglomeran en discotecas y demás sitios de ambiente todos los fines de semana para comerse lo que sea (gracias Nach).

Conclusiones: el mundo está sexualizado, el amor y el respeto importan una mierda y la estética es algo realmente importante si quieres abrirte paso en este mundillo de débiles y pueriles. La verdad es que viendo todo esto entiendo que se digan cosas como "todos los hombres son iguales", "a las niñas de ahora les crecen antes las tetas que los dientes" o " el sexo es la base de una pareja". Yo, particularmente, he aprendido algo con la corta experienia que atesoro: hay mujeres que es mejor conocerlas sólo de espaldas.

lunes, octubre 16, 2006

"Soledad no es estar solo; soledad es estar contigo mismo hasta hartarte"


¿Hasta dónde se puede llegar a modificar la personalidad sin llegar a transgredirla? Digo más: ¿cuál es nuestra verdadera personalidad, la originaria, la genética, la primera? Resulta muy difícil separar lo cromosómico de lo adquirido, lo natural de lo asimilado. He oído algunas veces que el carácter de cada uno se basa en un 50 % en la herencia genética y la otra mitad en nuestras circustancias personales y experiencias. Discrepo. La sociedad actual (frívola, banal, rutilante) y, por extensión, las personas que la forman, tiene un impacto brutal e incalculable en cada uno de los individuos que la conforman. La volubiliad y variabilidad están a la orden del día, así como la tendencia a la imitación en pos de una mayor aceptación y éxito social. Resultado: una homogeneización de criterios, valores, principios y hábitos. Por supuesto que me estoy refiriendo, sobre todo, a la gente joven.

Hagámonos de nuevo la misma pregunta: ¿Hasta dónde se puede llegar a modificar la personalidad sin llegar a transgredirla? Al hilo de lo antes comentado, un alto porcentaje de la gente opta por dar dos o tres retoques a su forma de comportarse (voluntaria o involuntariamente) para gozar de buena prensa entre su grupo de iguales y demás gente vinculada a su vida diaria. Aunque a veces esta "transformación" es pasajera y baladí, en otras ocasiones acaba revirtiendo en cambios que finalmente se asentarán en su personalidad y echarán raíces. Esta es, sin duda, una de las grandes tragedias de la sociedad de consumo, enferma de una carencia alarmante del valor de la identidad propia. Ahora bien, no llevemos lo del cambio al extremo. Estarán conmigo en que en la vida también es muy necesario saber ser camaleónico, para así adaptarse a todo tipo de situaciones. Renovarse o morir, que dijo aquel. Voy más allá: le pese a quien le pese, la hipocresía y la mentira, en sus justas medidas, son mecanismos básicos en la convivencia humana y en las relaciones sociales. ¿Sobreviviría alguien cuyo comportamiento fuera el mismo en todas las situaciones y con todas las personas? Rotundamente no. Una cosa es no traicionar tus propios valores y otra muy distinta pecar de idiota peliculero.

Y he aquí que me encuentro con mi dilema: hasta donde cambiar para no dejar de ser yo. A veces me siento empujado a bascular hacia un talante más sociable, si bien en parte ya lo he hecho. Pero entonces me doy cuenta de que, si algún día esta mediocre sociedad logra que deje de comportarme como el rancio y el misántropo que soy, sé que a partir de tal nunca lograría ser feliz. Porque estaría traicionándome a mí mismo. Seamos camaleones, no impostores.

miércoles, octubre 11, 2006

"El tango no se baila en pareja de cuatro"


Lo confieso: lo del blog al final me ha seducido. Y eso que no soy muy amigo de subirme al carro de modas masivas, pero en esta ocasión me doy cuenta del enorme potencial que tiene esto. Para los que llevamos escribiendo desde que apenas tenemos uso de razón esto supone una herramienta de expresión brutalmente atractiva, si bien algo devaluada por el 'boom' que ha sufrido (ya se sabe, todo lo que pasa a ser "deporte" de mayorías se devalúa sin remedio). En fin, que cuando tenga algo de ganas y tiempo (en ese orden) me sentaré a escribir aquí lo que en ese momento se me ocurra, a ver que sale.

Otra confesión: hoy ha sido mi tercer día de facultad y ya me he saltado la primera clase. Esto no hace sino engordar mi fama de escaqueado, lo sé, pero son cosas del directo. No hubo clase ni en la 4º ni en la 5º y la ocasión la pintaron calva para llegar a casa un par de horas (¡casi nada!) antes de lo planeado. Y allí que estaba yo saliendo de la facu, saltándome la clase de Historia de última hora, como un campeón. Mira que me gusta la asignatura y mira que me cae bien el tío que la da, pues nada. Parece que ya ni eso es suficiente para garantizar una asistencia a clase como está mandada, o sea, constante y sostenida. ¿Por qué nadie se preocupa de motivar a los alumnos?

Por cierto, no esperen encontrar aquí el típico blog anodino a modo de diario. Trataré de tratar cuestiones más relevantes que mis propias rutinas, lo prometo. Les aseguro que hay cosas mucho más interesantes de las que hablar. Hasta la próxima.