domingo, diciembre 31, 2006

"¿Hasta el 2026? Bueno, cómprame tabaco y búscame asiento"



Se acaba el año y supongo que toca hacer balance. No sé si insuflado por mi habitual y molesta visión pesimista, la cuestión es que echando un vistazo rápido a los últimos 12 meses (creo que para este tipo de cosas lo que cuentan son las sensaciones, el sabor que se nos queda en la boca, y no un análisis demasiado largo ni profundo) no puedo evitar sentirme asaltado por una cruda sensación de cansancio. Como de una tormenta que ya ha pasado. Supongo que es cierto que ha sido un año duro pero, ¿cuál no lo es? Pensándolo bien, juraría que llego con la misma sensación todos los fines de año. Perdonarán me permita la licencia de parafrasear al genio Allen: "Pues básicamente así es como me parece la vida: llena de soledad, miseria, sufrimiento, tristeza; y, sin embargo, se acaba demasiado deprisa". No se me ocurre definición más exacta que describa el sentimiento de congoja que se me agarra a las entrañas el día 31, cuando veo a Ramón García en la Puerta del Sol explicando un año más lo de los puñeteros cuartos.

Pero qué narices, no voy a quejarme. Mi carrera como comunicador está encauzada, he conocido a gente fantástica en la facultad y sigo unido en santo matrimonio con la gente fantástica que ya conocía de antes, relación que, por cierto, goza de salud de hierro. Vale, es cierto que mi vida sigue siendo un caos, pero empiezo a sospechar que amo tanto ese desorden que no podría vivir en la vida de otro. Ni siquiera en la más pintada. Sólo hay una cosa nueva este año: por encima de propósitos y peticiones vagas, por primera vez tengo un deseo. Que no es poco.

lunes, diciembre 18, 2006

"Un pesimista suele ser un realista con mala prensa"



Si alguien fuera capaz de meterse en mi mente durante un momento, probablemente ocurrirían dos cosas: primero, que no entendería nada; y segundo, se sentiría estresado. En cualquier caso, hoy me he propuesto burlar mi entropía y escupir algunas cosas aquí, en parte por placer, en parte por necesidad.

No creo en el optimismo. ¿Hay motivos para él? Los sentimientos positivos son infinitamente más efimeros y frágiles que los negativos, que siempre golpean con mucha más brutalidad y se prolongan cruelmente. Hoy, por cierto, estuvieron a punto de atropellarme. ¿Hablé con Dios? no. ¿Vi mi vida pasar por delante? para nada. Tonterías. Sin embargo, no te sientes afortunado por seguir viviendo, sino que se te clava una sensación de miedo que te dura varios días y te provoca tomar precauciones extras. Este no es mi caso. A mí me dio por pensar: qué cerca. Tanto sufrimiento y tan cerca de hacerlo desaparecer. La oferta que te hace la vida, bien mirada, se antoja mucho más insatisfactoria que la de la muerte. Elija: una estafa de 66,7 años de media de duración o bien desenchufarse de todo. ¿Que la muerte es una parte de la vida? Yo le daría la vuelta: la vida es una parte de la muerte.

Aun así, trataré de vivir al menos 67 años.

miércoles, diciembre 06, 2006

"La presión es el orgasmo del ganador; el perdedor simplemente masca sus aspiraciones masturbándose cuando nadie mira"



Por fin ayer volvió el fútbol. Es cierto que llevamos más de tres meses de competición pero, por favor, llamemos fútbol a lo que verdaderamente lo es. No, no voy a zurrar a Capello. Lo que quiero decir es que una competición de 38 partidos como es la Liga no puede mantener la atención del aficionado todo el tiempo, es normal que el entusiasmo se diluya. A falta de una Copa del Rey debidamente diseñada, otrora trofeo prestigioso, la útima opción que nos queda es la Champions. Y no me entiendan mal, no voy a ensalzarla por eliminación, esto es, por ser la menos mala; ni mucho menos. Es que es una competición que, además de por estar concentrada en poco más de 10 partidos, destila un aroma inmejorable, rezumando por los cuatro costados el olor a alta competición. Las mejores espadas de Europa cruzando sus aceros en una contienda fraticida por el cetro de dominación continental, actualmente en posesión del equipo de la Ciudad Condal. A lo mejor no me gusta demasiado el fútbol, pero para mí esto es lo que es. O al menos es cuando disfruto.

Ayer vi un Barça magnífico. Baste decir que resolvió el partido en 20 minutos con una solvencia insultante, y ahi se acabó la historia. No fueron dos chispazos, que también, fue una sensación de dominio, de un foráneo en casa de un anfitrión un par de escalones por encima. ¿Que por qué el Werder les pintó la cara en Bremen hace dos meses, con un empate agónico e inmerecido en el minuto 90 y tantos? Creo que, como dijo aquel, el fútbol son estados de ánimo. Una temporada increíble, la pasada, y una gira disparadata, la americana de este verano, propiciaron un comienzo de campaña falto de ambición y de tono físico, respectivamente. Es fantástico para el Barcelona y para el barcelonismo saber que, cuando llegan las grandes citas, cuando un partido es realmente importante, el equipo se enchufa y muestra una cara mucho más seria. Dan la talla. Sí que es verdad que en la segunda parte se sufrió y que el equipo se relajó pero, bien mirado, es otra muestra más de la superioridad del vigente campeón, que ganó casi andando.

Quien va por ahí cargando las tintas diciendo que este equipo no es el del año pasado tiene toda la razón: es más maduro, más veterano y con más oficio. Sabe contemporizar y jugar con inteligencia, virtudes quiméricas hace dos temporadas o incluso una. Ayer desmostraron que cuando están motivados y concentrados son sobrios en defensa y arrolladores en ataque. Y, pese a todo, para desgracia de muchos este equipo aún no ha dado su mejor nivel. Ni mucho menos, ha sido una fase de grupos mediocre. En octavos será diferente.

Por cierto, lo de Ronaldinho me pareció espectacular. No diga bueno, diga genio. Así como el superdotado se diferencia del inteligente, Ronni da algo más que no puede dar ningún jugador de talla mundial. Tiene ese ingenio creativo, esa chispa imprevisible, esa huella inconfundible de estrella, que hace que su figura emerga cuando todos miran. Cuando no está en forma es como un mago sin varita, pero cuando lo está nadie se le equipara lo más mínimo. Marcará época.