miércoles, diciembre 06, 2006

"La presión es el orgasmo del ganador; el perdedor simplemente masca sus aspiraciones masturbándose cuando nadie mira"



Por fin ayer volvió el fútbol. Es cierto que llevamos más de tres meses de competición pero, por favor, llamemos fútbol a lo que verdaderamente lo es. No, no voy a zurrar a Capello. Lo que quiero decir es que una competición de 38 partidos como es la Liga no puede mantener la atención del aficionado todo el tiempo, es normal que el entusiasmo se diluya. A falta de una Copa del Rey debidamente diseñada, otrora trofeo prestigioso, la útima opción que nos queda es la Champions. Y no me entiendan mal, no voy a ensalzarla por eliminación, esto es, por ser la menos mala; ni mucho menos. Es que es una competición que, además de por estar concentrada en poco más de 10 partidos, destila un aroma inmejorable, rezumando por los cuatro costados el olor a alta competición. Las mejores espadas de Europa cruzando sus aceros en una contienda fraticida por el cetro de dominación continental, actualmente en posesión del equipo de la Ciudad Condal. A lo mejor no me gusta demasiado el fútbol, pero para mí esto es lo que es. O al menos es cuando disfruto.

Ayer vi un Barça magnífico. Baste decir que resolvió el partido en 20 minutos con una solvencia insultante, y ahi se acabó la historia. No fueron dos chispazos, que también, fue una sensación de dominio, de un foráneo en casa de un anfitrión un par de escalones por encima. ¿Que por qué el Werder les pintó la cara en Bremen hace dos meses, con un empate agónico e inmerecido en el minuto 90 y tantos? Creo que, como dijo aquel, el fútbol son estados de ánimo. Una temporada increíble, la pasada, y una gira disparadata, la americana de este verano, propiciaron un comienzo de campaña falto de ambición y de tono físico, respectivamente. Es fantástico para el Barcelona y para el barcelonismo saber que, cuando llegan las grandes citas, cuando un partido es realmente importante, el equipo se enchufa y muestra una cara mucho más seria. Dan la talla. Sí que es verdad que en la segunda parte se sufrió y que el equipo se relajó pero, bien mirado, es otra muestra más de la superioridad del vigente campeón, que ganó casi andando.

Quien va por ahí cargando las tintas diciendo que este equipo no es el del año pasado tiene toda la razón: es más maduro, más veterano y con más oficio. Sabe contemporizar y jugar con inteligencia, virtudes quiméricas hace dos temporadas o incluso una. Ayer desmostraron que cuando están motivados y concentrados son sobrios en defensa y arrolladores en ataque. Y, pese a todo, para desgracia de muchos este equipo aún no ha dado su mejor nivel. Ni mucho menos, ha sido una fase de grupos mediocre. En octavos será diferente.

Por cierto, lo de Ronaldinho me pareció espectacular. No diga bueno, diga genio. Así como el superdotado se diferencia del inteligente, Ronni da algo más que no puede dar ningún jugador de talla mundial. Tiene ese ingenio creativo, esa chispa imprevisible, esa huella inconfundible de estrella, que hace que su figura emerga cuando todos miran. Cuando no está en forma es como un mago sin varita, pero cuando lo está nadie se le equipara lo más mínimo. Marcará época.